“No hay sanción más grave que seguir las políticas del FMI”

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La Asamblea conjunta del FMI y el Banco Mundial terminó reflejando los desequilibrios e inestabilidad en los mercados financieros, pero sin dar soluciones. Confrontación entre países poderosos y en desarrollo. Críticas a la Argentina y la respuesta de Boudou.
Aunque sin mencionar a Argentina expresamente, el Fondo Monetario Internacional volvió a reclamar a los países miembros “cumplir con sus obligaciones en virtud del artículo IV del Convenio Constitutivo”, que establece la revisión de las pautas macroeconómicas y las políticas de cada gobierno. “Aguardamos la oportunidad de examinar el avance realizado a este respecto en nuestras próximas reuniones”, advierte luego el documento del Comité Monetario y Financiero, en línea con la velada amenaza lanzada en la semana por John Lipsky, numero dos del FMI, de aplicarle sanciones a la Argentina. Amado Boudou, desde Washington, respondió ayer a estas advertencias antes de que se conociera el documento. “El FMI ya sancionó a la Argentina en el ’76 con Martínez de Hoz destruyendo el aparato productivo, con los créditos stand by de los ’80, siendo sostén del uno a uno de los ’90 y dejando al 25 por ciento de la población desocupada con el megacanje que nos llevó a la explosión de 2001”, puntualizó el ministro de Economía argentino. “Es difícil imaginar una sanción más grave que la que soportamos todos estos años”, indicó.

En un debate marcado por las contradicciones que provoca la guerra entre monedas por el intento de traspasarse los costos de la crisis (fundamentalmente entre el dólar y el yuan), la asamblea anual conjunta del FMI y el Banco Mundial culminó sin acuerdos ni compromisos importantes. Los países centrales, que tienen el control de estos organismos desde 1944 (ver nota de Mario Rapoport), le pasaron sin embargo la responsabilidad al staff del Fondo, al exigirle que “profundice su trabajo” de velar por el equilibrio monetario mundial y recordarle, como hizo Timothy Geithner (secretario del Tesoro de Estados Unidos), que “una de sus funciones centrales es la de ejercer una vigilancia rigurosa sobre el sistema monetario internacional”. Una forma poco sutil de reclamarle que multiplique sus esfuerzos para lograr que China se avenga a revaluar su moneda, el yuan, y deje de impulsar la invasión de productos de ese origen a bajo precio sobre los mercados mundiales.

El temor generalizado es que la guerra entre monedas genere una disputa proteccionista en la que la víctima principal resulte la recuperación económica mundial. Estados Unidos le exige a China que revalorice el yuan porque no encuentra solución, en sus propias políticas, a su recurrente déficit comercial, que ya se está convirtiendo en una bomba de relojería para las cuentas públicas de la principal economía del mundo. En los últimos días, el primer ministro de Luxemburgo y titular de la Unión Europea, Jean-Claude Juncker, respaldó la posición estadounidense al recomendarle a China “reorientar su política” hacia una apuesta por el crecimiento interno y una paralela reducción de su dependencia de las exportaciones. Esto mereció la inmediata respuesta del primer ministro chino, Wen Jianbao, quien sugirió que “Europa no debería formar parte del coro” que acompaña a Estados Unidos.

En las últimas semanas, también Japón se sumó a quienes aplican políticas de intervención en los mercados cambiarios en defensa de sus exportadores, por primera vez en seis años, para impedir la valorización del yen respecto del dólar. Guido Mantega, ministro de Hacienda de Brasil, fue quien mejor describió la tendencia de las políticas comerciales y cambiarias en el comercio mundial: “Sigue primando la máxima del sálvese quien pueda”, expresó ayer desde Washington.

Un día despues de que la titular del Banco Central argentino señalara que las políticas cambiarias que incentiva el Fondo “tendrían por consecuencia que los países desarrollados exportaran su estancamiento a los emergentes”, Boudou retomó el tema para defender la autonomía de las políticas monetarias y cambiarias respecto de las recomendaciones del FMI. “Argentina tiene la capacidad de aislar al país de la guerra de monedas, y va a seguir administrando el tipo de cambio para que sea competitivo y que, al mismo tiempo, permita robustecer el mercado interno”. Durante un desayuno organizado por el Banco Barclay en Wa-shington, el ministro alentó, ante 70 inversores internacionales que participaban del evento, que “las nuevas regulaciones globales originen un nuevo modelo de negocios más orientado a la economía real y a la inversión productiva, que es la única forma de que no se generen nuevas burbujas en el futuro”.

En cuanto a la asamblea conjunta del FMI y el Banco Mundial, el ánimo general era que se había avanzado muy poco y que prácticamente no se alcanzaron acuerdos en cuanto a las acciones a seguir. El comunicado final del encuentro señala, como tendencias más preocupantes, las tensiones y la vulnerabilidad de la economía global originada por los flujos especulativos, las fluctuaciones en los mercados cambiarios y el creciente volumen de reservas internacionales. Los 187 países miembros del FMI respaldaron una “acción urgente” para aumentar el papel de supervisión del organismo sobre aquellas políticas macroeconómicas que puedan plantear una amenaza a la estabilidad. Y clamaron por mayor colaboración entre los países, una cuestión que pareció muy alejada de la realidad.

Pese a los enunciados, el FMI “no está sacando conclusiones prácticas respecto del impacto de los flujos libres de capital”, advirtió Mantega.

“Las recomendaciones prácticas sobre cómo limitar los flujos excesivos de corto plazo deberían estar presentes en nuestras deliberaciones”, señaló Mantega. Pero mientras esta tendencia, proveniente de los países centrales, se mantenga, “nuestros países seguirán acumulando reservas (para absorber esos flujos) y poniendo obstáculos” para limitar los desequilibrios, respondió el ministro brasileño a la postura oficial del encuentro.
Fuente: Página12.

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