Bergoglio llamó a luchar para que “no crezca el odio”

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Ante una multitud, instó a que el rencor “no eche raíces” y pidió que no haya “excluidos”.
Quien caminó entre el sábado y ayer los sesenta kilómetros desde los santuarios de San Cayetano, en Liniers, y el de la Virgen patrona de la Argentina, en Luján, dice que vio más o menos gente que otros años, según el lugar que le haya tocado en suerte en la 36» Peregrinación juvenil a pie a Luján. Pero, para los funcionarios del gobierno bonaerense que coordinaron los operativos de seguridad, no hay dudas: este año, los caminantes superaron el millón y medio.

“Hoy, también en mayo y en diciembre, muchos venimos para estar cerca de la Madre. Venimos porque nos hace falta este lugar de confianza y de descanso”, dijo el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, durante la misa central de la más grande manifestación de fe del país, ayer, a las 7.

“Esto no se suele publicar mucho, pero es lo que los hijos viven con mucha fe, y son muchos los que aquí han instalado su lugar de encuentro y bendición. Aquí venimos porque nos hace falta seguir confiando y seguir alimentando lo más nuestro, lo que da sentido a nuestras vidas”, agregó Bergoglio en su breve homilía, en la que también pidió a la Virgen que “en este año de comienzo del Bicentenario [todos] tengan cabida”, “no haya excluidos ni explotados” y que “no crezca el odio entre nosotros”. Rodeado por ocho obispos, Bergoglio citó una frase de los Evangelios para pedir “que el rencor, ese yuyo amargo que mata, no eche raíces en nuestro corazón”.

En la plaza Belgrano, frente al altar, un cartel de 50 metros decía: “María, tu mirada refleja la injusticia del aborto”. Consultados los organizadores de la peregrinación, expresaron su malestar con esa iniciativa. “Estamos en contra del aborto, pero estas leyendas no expresan el espíritu con el que enfrentamos este tema”, dijo uno de los miembros de la Comisión Arquidiocesana.

Además de contar con la ayuda de 5000 servidores en los puestos ubicados entre Merlo y Luján, los peregrinos recibieron el aporte del tiempo, que, aunque en la madrugada estuvo bastante fresco, fue ideal para caminar.

Momentos de luz y oscuridad

La columna humana desde la entrada a Luján, en el puente conocido como “de los escudos”, hasta la basílica donde se conserva la imagen milagrosa de la Virgen fue constante desde las 14 del sábado.

Si bien el horario oficial de comienzo de esta manifestación de fe es a las 12 del sábado, los peregrinos salen cada año más temprano. “Es verdad que la Iglesia, con sus parroquias, capillas, colegios y movimientos es quien hace la convocatoria, el 80% de los peregrinos participa por cuenta propia”, dijo a LA NACION el padre Martín Rebollo Paz, miembro de la comisión organizadora.

Y, según varios testimonios, año tras año la gran masa de peregrinos llega a Luján más temprano y piden a los organizadores que se adelanten los horarios. Hasta ahora, no se concedió porque “peregrinar es como la vida, y la vida tiene momentos de fervor y luminosidad y otros de noche y oscuridad”, según explicó Rebollo Paz. “Esto no tiene parangón con ningún otro encuentro; nadie puede reunir en la Argentina a una multitud como ésta, que va en forma totalmente espontánea a encontrarse con la Virgen”, dijo a LA NACION el padre José María Di Paola, vicario para las villas de emergencia de la arquidiócesis de Buenos Aires que participó de la peregrinación con sacerdotes de siete de esos barrios porteños y unos 700 jóvenes de sus parroquias.

Di Paola, párroco de la villa 21-24, de Barracas, destacó también que la mayoría de los peregrinos son adolescentes. “Para nosotros, esto es un dato importante porque es un signo de religiosidad en los jóvenes, en un momento en que no están yendo con tanta masividad ni a las canchas de fútbol ni a los recitales”, dijo.
Fuente: Silvina Premat. LA NACION.

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