Cristina prohíbe a Guzmán financiar gastos corrientes con deuda externa

Cristina prohíbe a Guzmán financiar gastos corrientes con deuda externa

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A menos de una semana de enterarse en el palco del Senado el presupuesto 2021 no se sancionaría ese día, el ministro de Hacienda Martín Guzmán volvió a llevarse una sorpresa en la Cámara alta: después de presentar el proyecto para que el Congreso intervenga en las operaciones de crédito en moneda extranjera y en la negociación con el FMI, la kirchnerista Anabel Fernández Sagasti le sumó otra restricción que no esperaba. 

Agregó un artículo que prohíbe financiar gastos corrientes con deuda externa o desembolsos del FMI, un viejo reclamo de Cristina Kirchner en su época de presidenta que repitió en la campaña electoral, cuando pidió una ley para el «Nunca más de la deuda». 

El condicionamiento le impediría al ministro un acuerdo de facilidades extendidas con el organismo que además de patear vencimientos le aporte dinero para los gastos diarios. Y se suma a la presión que los senadores de Cristina le hicieron el sábado a la delegación que está en el país para negociar una restructuración del crédito otorgado a Mauricio Macri. por carta, pidieron saber si había cumplido con los requisitos de la carta orgánica. 

La negociación para reprogramar los vencimientos con los bonistas externos congeló el debate sobre el rol del Congreso en cada emisión de deuda, pero después de la presión que tuvo del Senado la última semana Guzmán la inició con un proyecto de ley propio, de sólo cuatro artículos y muy similar al los que circularon durante el gobierno de Mauricio Macri por al oposición de entonces, pero jamás se trataron. Sus ministros de Finanzas solían excusarse en la necesidad de estar liberados a lidiar con las opciones del mercado sin demoras. 

Contempla que cada proyecto de ley del presupuesto debe precisar un porcentaje máximo de emisión de títulos en moneda extranjera y bajo legislación y jurisdicción de otros países, con respecto del monto total de los títulos autorizados. Si se supera ese límite, se requeriría una ley especial. 

Los senadores de Cristina le piden al FMI que confirme si el préstamo era para la campaña de Macri

El otro artículo se dispone que todo programa de financiamiento u operación de crédito público realizados con el Fondo Monetario Internacional, como también cualquier ampliación de los montos de esos programas u operaciones necesitará de una ley del Congreso.

No es así hasta ahora porque la ley de administración financiera habilita a negociar a los presidentes con los organismos que integra el país. Macri aprovechó ese artilugio para evitar cualquier rendición de cuentas ante los legisladores cuando pidió su crédito en el FMI. 

Guzmán presentó el proyecto en la comisión de presupuesto del Senado, presidida por el cordobés Carlos Caserio, pero cuando ya se había desconectado pidió la palabra Fernández Sagasti y propuso sumar un artículo que la mayoría oficialista avalaría sin problemas.

Es hora de que en el Congreso hagamos un acuerdo entre todas las fuerzas políticas de que nunca más debemos endeudarnos en moneda extranjera para gastos corrientes, fuga de capitales y especulación financiera como pasó en los últimos años.  

Se trata de una incorporación a la ley de administración financiera que dice así: «La emisión de títulos públicos en moneda extranjera y bajo jurisdicción y legislación extranjera, así como los programas de financiamiento u operación de crédito púbico realizado por el FMI y eventuales ampliaciones de montos de esos programas no podrán tener como destino el financiamiento de gastos corrientes».

La mendocina explicó que de esta manera estas operaciones «serán únicamente para bienes de capital e inversión productiva» y que «es hora de que finalmente en el Congreso hagamos un pacto, un acuerdo entre todas las fuerzas políticas de que ‘Nunca más’ debemos endeudarnos en moneda extranjera para gastos corrientes, fuga de capitales y especulación financiera como pasó en los últimos años». 

Los senadores de Cambiemos no tardaron en reaccionar . El riojano Julio Martínez y Martín Lousteau pidieron saber cómo se iba a cubrir el déficit de 4.5% del PIB previsto en el presupuesto 2021. «El ministro ya lo dijo: con aportes el Banco Central y con deuda local», intervino el jefe del oficialismo José Mayans.

Se sumó el misionero Maurice Closs. «La propuesta es clara: además de la emisión se puede tomar deuda en moneda local o en extranjera pero bajo legislación argentina. No creo que estemos atado de pies y manos. Es absolutamente razonable», corrigió el senador del Frente de Todos.

El único rebelde del bloque oficialista fue Adolfo Rodríguez Saá, quien en febrero presentó un proyecto de ley para limitar el endeudamiento con aval de Cristina y consideró que el de Guzmán es mucho más laxo y no sirve. «No tiene nada que ver. Yo propuse un límite definitivo para evitar comprometer el patrimonio y las cuentas de la Nación. Lo ampliaré ante el bloque», anticipó. Tal vez el anuncio de su compañera logró convencerlo.

Ya habían pasado más de dos horas de una ida y vuelta de Guzmán con los senadores de Cambiemos en el que entre otras cosas había prometido que el crédito que negocia con el FMI se limitará a refinanciar los vencimientos de intereses y capital previstos. Desconocía que un artículo nuevo no le daría otra opción.

El ministro destacó que la negociación con los bonistas achicó los pagos de 2021 de 12.500 a 150 millones de dólares y que el crédito del FMI no cumplió el objetivo previsto.

«Se esperaba tener acceso a crédito a tasas sostenibles. Eso no ocurrió: no hubo una reducción de costo de crédito y costo positivo. Terminó elevándose costo de crédito, que llegó a superar 2000 puntos básicos de riesgo país».

Anabel Fernández Sagasti. 

Y pidió respaldo a Cambiemos para avalar la restructuración, con la promesa de enviar un plan plurianual de metas fiscales, por ahora en elaboración. «Los programas del FMI tiene consecuencias que transcienden un perído de Gobierno, por eso es fundamental un consenso mas amplio y de debate de mayor amplitud».

La oposición se interesó poco y nada por su rol de contralor de la deuda que promete el proyecto y preguntó sobre coyuntura, como el nivel de reservas del Banco Central, que el ministro consideró solvente.  «El último balance 28.300 millones de dólares, que incluye el swap china, los derechos de giro (DEG), con distintos grados de liquidez. Definir la liquidez es de mucha subjetividad», sostuvo. 

«Argentina tiene un superávit comercial robusto y el tipo de cambio comercial está en un nivel adecuado. De ninguna manera hay chances de usar los encajes de los Bancos», aclaró. 

Guzmán volvió a justificar sus títulos de hasta 1500 dólares que lanzó para darle a salida a fondos especulativos que tienen bonos en pesos y presionan para salir. «Lo que hicimos fue una subasta para que vayan saliendo, pero fue mayor el monto de deuda en dólares que se pesificó. Además, no fue una emisión de dólares sino un canje. No recibimos dinero», aclaró.  

Esteban Bullrich y Martín Lousteau se molestaron porque el proyecto sólo establece un control por la toma de deuda bajo legislación extranjera y Guzmán les ofreció un prolífico racconto histórico de las condiciones de los bonistas de Wall Street que ameritan mayor control de los Gobiernos de turno. 

«Existen situaciones como una tasa de interés que actualiza pasivos por 9% por incumplimientos contractual, que se fijó en 1981 porque la inflación de Estados Unidos alcanzaba 8.9%», enumeró. Y citó casos de «lobby comprobado» de fondos especulativos con los jueces de New York para forzar pagos extras y tasas muy elevadas, como el caso del recordado Paul Singer, artífice del traspié del Gobierno en los tribunales de la gran manzana en 2014. 

Lousteau enumeró artículos del presupuesto donde aumentaban los gastos y preguntó si esta era una ley que buscaba prevenirse de no ser sustentables. «No. Lo primero que hace es darle un rol mayor al Congreso de la Nación, para que nos asegure que las decisión del Ejecutivo bajo moneda extranjera tengan mayor nivel de responsabilidad. No es para que nos vaya mal. Es para que le vaya bien», lo corrigió el ministro.

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