Daniel Funes de Rioja: “Hay que evitar el default porque sería algo muy grave para Argentina”

Daniel Funes de Rioja: “Hay que evitar el default porque sería algo muy grave para Argentina”

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Daniel Funes de Rioja, titular de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL) y vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA)

 

En una extensa entrevista telefónica con Infobae, el titular de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL) y vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes de Rioja, hizo un pormenorizado repaso por los temas más importantes que afectan a la economía y a la industria argentina, en medio de la pandemia de COVID-19.

COPAL -que acaba de celebrar su 45º aniversario- es una entidad gremial empresaria que nuclea a las cámaras y a las empresas de la industria de la alimentación y de bebidas, representando a casi la totalidad de los sectores que la integran. Justamente, se trata de una de las pocas actividades que fueron declaradas esenciales por el Gobierno al inicio del aislamiento obligatorio y que, tras la vorágine que se desató en los supermercados el fin de semana anterior a que se dictara la medida que obligaba a las personas a permanecer en sus hogares para evitar la propagación del COVID-19, consiguió con éxito y de manera inmediata garantizar la cadena de abastecimiento.

-¿Cómo está hoy el sector de la alimentación?

Primero, con capacidad de respuesta, porque nosotros fuimos convocados. Recordará que, el fin de semana anterior a que se decretara el aislamiento, hubo una vorágine en los supermercados que despobló las góndolas. En base a eso, el Gobierno nos convocó y asumimos la responsabilidad en tres frentes: pedimos que se abriera la cadena, aguas arriba y abajo, para tener insumos, distribución, logística y todo lo que se necesita. Hay 270 mil puntos de distribución de venta en el país de alimentos, por lo tanto, había que garantizar la mayor cobertura.

En segundo lugar, tuvimos que adoptar todos los protocolos que requería la prevención para cuidar a nuestra gente, a los trabajadores. Esto se hizo muy eficientemente.

Evidentemente, teníamos una ventaja, ya que 45-60 días antes en Europa, se habían ajustado los protocolos de las empresas líderes. Es decir, teníamos una experiencia preexistente, que realmente nos fue muy útil, con lo cual adoptamos protocolos de prevención, de distancia y de sanitización en comedores, vestuarios, baños… Todo de un modo muy estricto y hemos funcionado razonablemente bien.

La tercera responsabilidad que teníamos era afrontar el problema del abastecimiento y, también en ese sentido, diría que la industria ha sido muy efectiva. Esto, desde la posición del desafío que implicaba arrancar.

-¿Qué debería hacerse ahora?

Ahora, mirando hacia adelante, tiene que haber oferta y demanda. Para recomponer la demanda, está claro que el proceso de reiniciación tiene que ser paso a paso, pero es importante que también haya metas y objetivos concretos. Ello, porque sabemos que la Argentina no tiene -y no puede tener- las espaldas que tienen otros países como Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia o España por la situación económica, fiscal y financiera internacional, y para poder afrontar la nómina salarial de las empresas que están paradas. Ni tampoco, inyectar el capital de trabajo que hace falta para reanimar a la economía, cuando el ciclo de la pandemia empiece a declinar.

-¿Qué análisis hace de la gestión del presidente Alberto Fernández frente a esta pandemia? ¿Qué le diría?

Creo que el Presidente ha encarado esta etapa de la pandemia con decisión, con coraje y con autoridad moral. A partir de acá, creo que es bueno que nos pueda escuchar. No sólo con el tema de la deuda, que lo está haciendo, sino también con respecto al paso a paso que compartimos para ir reiniciando la actividad económica necesaria. Le diría que siga con esa vocación de unión de los argentinos, porque ninguna grieta es buena.

-Ayer, el presidente Alberto Fernández convocó a empresarios y representantes de la CGT a la Quinta de Olivos, en medio de las negociaciones por la deuda y los debates sobre la próxima fase de la cuarentena: ¿qué opinión tiene al respecto?

El encuentro buscó que los actores sociales -empresariales y sindicales- dieran el apoyo al Gobierno, en mi opinión, en un doble aspecto. Primero, en la voluntad de negociar, de buscar un acuerdo. Y en segundo lugar, que el acuerdo sea sustentable y de razonable cumplimiento para la Argentina. Para ello, hay que tener en cuenta la recesión que ya teníamos, más el impacto del coronavirus, que verdaderamente es muy fuerte en la actividad económica.

Me toca liderar un sector esencial -el de los alimentos- y en el mejor de los casos, ha habido plantas con el 50 por ciento de actividad. En esas mismas empresas o en otras, las líneas de producción están al 20 o 30 por ciento, y algunas cierran, porque no tienen volumen de producción.

La gente está consumiendo los productos esenciales, es decir, los de la canasta básica. No hay colegios así que no hay golosinas, no hay actividad social, ni cultural… Así que hay mucho menos consumo, hasta de bebidas.

Desde 2011, Argentina no produce verdaderamente una etapa de crecimiento. Si mira la cantidad de empresas exportadoras de la industria de la alimentación, va a ver que están estancadas, cuando los países vecinos crecieron en un 30 por ciento en la actividad que exportan. Y no estoy hablando de grandes empresas, sino de PYMES y de economías regionales.

-¿Cómo analiza las medidas que se tomaron? ¿Le parece que hay que empezar a abrir a economía?

El aislamiento se decretó en el momento adecuado, ya que no estábamos preparados sanitariamente, pero tampoco nosotros mismos estábamos preparados. La verdad es que al tema lo veníamos un poco de lejos. Me parece que, la seriedad con la que se lo encaró y la disciplina social con la que se respondió, fueron muy importantes. Ambas cosas fueron muy importantes. La gente respondió porque entendió. Y el Gobierno tomó las medidas de prevención de las mejores experiencias internacionales, y lo hizo de manera inmediata.

Ahora, estamos a un tiempo en el que pensamos que, así como los alimentos se abrieron desde un primer momento porque son esenciales, se pueden ir reiniciando actividades, siempre y cuando se tenga en cuenta la logística externa e interna. Con esta última, me refiero al distanciamiento social entre operarios, que se puede hacer porque no se necesita trabajar -en general- en ninguna planta al 100 por ciento, ya que están trabajando a mitad de régimen. Eso permite empezar a trabajar con menos turnos e, incluso, con equipos de trabajo con distinto horario, para manejar posibles focos de contagio.

A los trabajadores se les toma la temperatura y se tienen en cuenta todas las medidas de prevención, pero el tema es que -por ahora- no hay test para mayores controles. Nosotros los estamos pidiendo y estamos buscando que se hagan más. Además, cuando está el resultado del test, pedimos que se comunique de forma inmediata, para que no se generen estados de incertidumbre.

-¿Qué opinión tiene sobre todo lo que se hizo y qué cree que, de ahora en más, se debería hacer?

Desde el punto de vista de lo que se hizo, opino que todo se hizo bien. Ahora, desde el punto de vista de lo que hay que hacer, la experiencia internacional marca tres cosas: tiene que haber base científica para analizar la evolución de la pandemia, es decir, tiene que haber un análisis científico y eso se está haciendo. También, hay tener una visión local, regional y global. Y el tercer punto es que hay que ir paso a paso, lo que significa que hay muchos centros en el interior del país donde, todo el tema del viaje a y desde el lugar de trabajo a su casa, se hace de modo descomprimido (en bicicleta, en moto, etc) pero sin hacinamiento. Incluso, me refiero a actividades en el Gran Buenos Aires de tipo industrial y de cadenas de valor que, más o menos, se mueven bajo los mismos parámetros, porque hay transporte propio o minibuses que llevan pasajeros, de forma tal que se puede organizar.

Por otro lado, no va a ser convocado todo el mundo el mismo día y a la misma hora, porque esto requiere de un proceso de recalibración para ir empezando por un turno, o por un turno cortado, con menos horas y, después, ir creciendo en producción y respondiendo fundamentalmente a la demanda. Además, y nos lo ha ofrecido el ministro de Transporte, hay formas de combinar horarios de manera tal que -en vez de que todo el mundo entre y salga a la misma hora- se puedan articular horarios especiales que permitan no andar en las horas pico.

En ese sentido, los intendentes proponen, los gobernadores adoptan una decisión y el Gobierno nacional la confirma y le da operatividad, o no. En esta secuencia estamos trabajando, haciendo sugerencias. Creemos que es compatible, como me tocó decirle a los ministros Martín Guzmán (Economía) y a Ginés González García (Salud), que no hablemos de economía y salud, porque nadie discute que la salud es una prioridad, ni que la economía tiene muchos otros aspectos. Estamos hablando de combinar producción con prevención. Creo que, los que estamos desde hace 45 días en líneas de producción, estamos demostrando que se puede hacer con los recaudos adecuados, tanto en la gran empresa como en la mediana y en la pequeña, dependiendo más de las circunstancias particulares como la localización, el layout interno de la planta, y las posibilidades de transporte al y desde el lugar del trabajo.

El presidente de COPAL, Daniel Funes de Rioja

El presidente de COPAL, Daniel Funes de Rioja

-¿Qué piensa de las medidas económicas que se tomaron y de los créditos que ofrece el Gobierno a nivel general y, también, en el sector de la alimentación?

En cuanto al Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), para las empresas de menos de 800 trabajadores, se está efectivizando y se está cumpliendo. En el caso de las de más de 800 personas, estamos a la espera de decisiones complementarias, porque hay empresas que son de producción esencial pero que tienen una capacidad ociosa muy fuerte. Entonces, también son merecedoras de esto y, el hecho de tener 800 o más personas, no significa que sean empresas ricas. Si uno no tiene producción, no tiene trabajo. Así que, el tema de la escala también hace a la necesidad y estamos esperando que esto se regule.

En cuanto a los créditos han habido problemas, sobretodo, por la calificación que hoy puede tener una PYME, que viene de dos años y medio de recesión anterior a este proceso, que se ha endeudado a tasas siderales y que llegaron al 80 por ciento para que no hubiera corrimiento al dólar. De algún modo, lo que se hizo es utilizar la tasa de interés como mecanismo de desaliento al dólar, pero obviamente, como desincentivo total para el empresario, que necesita el dinero para producir. No hay ninguna actividad productiva que pudiera tener el retorno para pagar esos intereses.

Así que los toma mal ubicados y a eso se suma el efecto coronavirus: evidentemente, el Estado tuvo que salir a generar determinadas categorías de garantía porque los bancos no iba a prestar, ya que los veían como potenciales incumplidores. Entonces, vemos que el Estado ha reaccionado y vamos a ver si lo hace con todas las medidas y la intensidad necesarias. Este es un proceso dinámico, estamos en permanente contacto con los ministros de Producción y de Trabajo, a los efectos de ir ajustando los problemas que deben resolverse.

También, estamos en contacto con el ministro de Transporte, porque hay provincias que dificultan la circulación de camiones que llevan materia prima o productos, ya que no quieren dejar entrarlos a su jurisdicción por temor a la contaminación. Son todos temas delicados, pero los estamos enfocando y discutiendo con el Gobierno.

-¿Podrían reducirse los salarios de los trabajadores para afrontar esta crisis?

El acuerdo CGT-UIA no es un acuerdo de reducción de salarios. En primer lugar, el que trabaja, no está incluido en este acuerdo porque cobra su salario. El tema es que, cuando una persona no trabaja por licenciamiento o suspensión, esta suspensión tiene mecanismos que están previstos en la ley. Esos mecanismos ahora están vedados, ya que hay prohibición de despidos y de suspensiones, conforme lo que dispuso el Gobierno por 60 días.

Pero hay un camino, que es el 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo, que permite articular soluciones. Se trata de asignaciones no remunerativas: mientras tanto, se preserva el puesto de trabajo, y el trabajador recibe un porcentaje de su remuneración neta. No sería razonable que el que no trabaja gane lo mismo que el que trabaja. Por otro lado, el que trabaja tiene gastos distintos que el que se queda en su casa. Esto no es un salario, es una asignación no remunerativa y no es una reducción de salario.

¿Puede haber reducciones de salarios? Y, podrá haber… En una de esas, hay soluciones transitorias… No sé, no sabemos… Nadie sabe cuánto dura esto. Entonces, puede haber gente que trabaje con acortamiento de jornada y se termine pactando una proporcionalidad del salario, pero todo esto habrá que verlo. No quiero hacer futurología porque es muy difícil en una excepcionalidad tan grande como es esta pandemia.

-¿Cómo se incentiva a la industria con una presión impositiva tan alta como la que hay en la Argentina?

Se la desincentiva, sobre todo, en la industria formal. Por eso, tenemos un 40 por ciento -aproximadamente- de informalidad. No sólo hay informalidad en la comercialización, sino también, en la producción. En el caso de la industria de la alimentación, nos preocupa mucho que aparezcan productos que no tengan ningún tipo de autorización o aval o certificación sanitaria: entonces van por otro carril.

Un alimento tiene un 40 por ciento de impuestos -entre Nación, provincia y municipio- y un agua mineral tiene el 50 por ciento de impuestos. Entonces, cualquier cosa fraguada -sea en la etapa de comercialización, o en la producción y comercialización- hace un diferencial brutal. Es el castigo de la economía formal.

Pero claro, es la economía formal la que sigue afrontando todos los gastos del Estado y la red de bienestar social y, evidentemente, es un peso muy alto que cae sobre sus hombros. Lo cual ha generado dos cosas: el desaliento a la inversión en la Argentina y el estímulo a la informalidad, porque el que empieza no quiere ser formal, porque el salto a la formalidad es muy caro.

-¿Qué opinión tiene sobre la oposición en el trabajo conjunto con el Gobierno para enfrentar a la pandemia?

No voy a hablar de oficialismo y oposición porque no hago política partidista. Pero creo que hay un clima de mayor cooperación política, en términos generales, y esto no excluye que haya pensiones en algunos temas. Sin embargo, en lo que se refiere a la pandemia y a la deuda externa, me parece que hay cierto nivel de afinidad o simetría en las posiciones.

Probablemente, mirando hacia una estrategia más global de futuro, ahí pueden aparecer discusiones, que en este campo, siempre son buenas.

-¿Qué significaría un default para la Argentina? ¿Cree que se puede evitar?

Creo que hay que evitarlo, porque un default para la Argentina sería muy grave. El país está teniendo contracciones del producto bruto y atraviesa una etapa donde no tiene acceso a los mercados de capitales internacionales, ni locales. Estos últimos son muy chicos y se necesitan los primeros. Si queremos crecer, si queremos verdaderamente resolver los problemas de pobreza y marginalidad, tenemos que tener un sector privado pujante: creciendo, invirtiendo y generando empresas y empleo. Y es ese empleo, el que nos va a sacar de la marginalidad y de la pobreza.

Además, si todos los que invierten lo hacen en el sector formal de la economía, ello también va a hacer que haya una mejor base de sujetos imponibles que permita bajar la presión fiscal. Con eso, la economía se va a hacer más competitiva, sobretodo, para no exportar impuestos.

-¿Qué opina del impuesto a las grandes riquezas?

Creo que hay que incentivar la inversión en la Argentina: no hay que crear impuestos, hay que crear alicientes para invertir. Para que los argentinos inviertan el dinero que tienen, acá o en el exterior.

-¿Argentina puede tomar distancia del Mercosur?

Para la Argentina -que es un país productor de alimentos, que llegó a exportar 30 mil millones de dólares en alimentos procesados en 2011, y que ahora exporta 25 mil quinientos millones de dólares- es fundamental tener una alianza como la del Mercosur que, además junto con Brasil, nos potencia de gran manera como un gran mercado agroalimentario de exportación. En segundo lugar, el espacio común Mercosur es bueno para acrecentarlo, no solo intra Mercosur, sino intra región en las Américas, además de su proyección al mundo.

En tercer lugar, la relación con Brasil es estratégica porque tenemos un modelo de integración de empresas, con producciones complementarias. Por ende, la relación con Brasil tiene que ser permanente y, no estoy hablando de una relación política, hablo de la relación estratégico-comercial.

Por otro lado, esa presencia de la Argentina y Brasil en el Mercosur, lo tiene que llevar a ser más dinámico, eficiente y con mejor inserción en el sistema multilateral, que está atacado por las grandes potencias: pero hay que entender que nuestra potencialidad está en un marco multilateral. Si no hay multilateralismo, hay unilateralismo y, en ese caso, nosotros somos víctimas y no victimarios. En cambio, en el multilateralismo, somos aliados, que es distinto a ser víctima o victimario.

-A nivel personal, ¿cómo transcurre esta cuarentena?

Trabajo todo el día. Permanentemente, tengo videoconferencias y llamadas telefónicas. Creo que trabajo más horas que normalmente. Pero también, lo hice con la convicción de que teníamos un rol a cumplir porque, en el marco de este desafío de la pandemia, nosotros teníamos una responsabilidad primaria de la industria -la farma y la alimentación- que era proveer lo necesario a nuestro campo y lo hicimos.

Le hemos dedicado mucho tiempo y, de hecho, estamos con comités de crisis etc que nos han cambiado la vida. ¿Qué es bueno y qué es malo? Yo preferiría poder salir pero no lo he hecho: fui exclusivamente a muy limitadas reuniones oficiales.

 

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